Nicolas Sanchez L.

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La atención en lo invisible

Sunset at the Aschlöksken IPost-industrial futures (Scenes from two rivers) Dyptic, Analog photography, C-Print, 180 x 150 cm

Este artista plástico, retrata en sus diversas series fragmentos de la vida moderna. A través de una mirada sublime e inspiradora, hace que los espectadores de su obra puedan mirar hacia adentro, desencadenando con sus imágenes una especie de meditación privada, logrando que nos conectemos con nuestra esencia y la del mundo.

Por: María José Mora D. / Retrato: Matías Bonizzoni S. entrevista para Revista Casas

Las imágenes de este egresado de Bellas Artes de la Universidad Católica evocan cierta nostalgia a primera vista, hay algo en su ideario que hace detenerse y sumergirse en su obra. La primera serie de fotografías que conocí de él fue “Atmósferas”, ahí Sánchez retrataba los cielos de diversas partes del mundo, fotografiados a diversas horas. En ese trabajo se podían ver los cielos de Putre, Buenos Aires, Tanger, Valencia, Dusseldorf, Valparaíso, entre muchos otros. Estos se presentaban como trípticos o imágenes individuales, los que transmitían algo existencial, difícil de explicar. Luego vinieron otras series –Aeropuertos, Nocturnos I y II, Norte Grande, por nombrar algunas-, cada cual con una temática distinta, pero usando siempre la fotografía y el video como soporte, técnicas claves en su carrera. La última de sus series es “Futuros post-industriales –escenas de dos ríos-”, un retrato de la vida a orillas de dos de los ríos más importantes de Alemania el Ruhr y el Rin. “Después de mi serie Norte Grande que retrata en clave poética la historia humana y minera de Antofagasta, me fui a la región del Rin-Ruhr en Alemania, que vivió su propio apogeo industrial un siglo antes, para constatar de alguna manera el futuro de estos paisajes. Ahí estaba en el mirador de Garzweiler, una gigantesca mina de carbón de superficie de más de 50 km² (Chuquicamata tiene 8) en las cercanías de Düsseldorf, viendo como trabajaba una excavadora Bagger 288 de dimensiones colosales y se me entró el habla. Entonces decidí hacer imágenes. Pensé en que los ríos acarrean mucho más que mercancías, como escribió Víctor Hugo durante su viaje a lo largo de todo el Rin en 1842. Ahí fluyen también las ideas, el progreso, la migración, la búsqueda de una vida mejor. Cómo hablar de eso, cómo poner atención a lo invisible y lo humano en esa escala monumental, esas eran mis preguntas”, explica Nicolás. Es así como una nueva serie está en proceso para ser expuesta durante este año en nuestro país y mostrar cómo, en contextos tan distintos y distantes como pueden ser Antofagasta y Düsseldorf, las historias y los procesos humanos se repiten. Todo lo que pasa fuera, de alguna manera también pasa dentro.

Dogwalk, Duisburg-Ruhrorter HäfenRhein-Ruhr (Scenes from two rivers) Analog photography, C-print, 150 x 180 cm

¿Qué te llamó la atención del paisaje que recorren el Rin y el Ruhr como para hacer una serie sobre él?

La región metropolitana del Rin-Ruhr es la más grande de Alemania, con cerca de 11 millones de habitantes esparcidos en una red de ciudades, complejos industriales y dos ríos; el Ruhr y el Rin. Mi serie es un retrato de esta tierra cruzada por ríos, salpicada de ciudades, unida por puentes, coronada por fumarolas y chimeneas, habitada por gente que abraza y vive como propio un nuevo tipo de paisaje, donde cultura y naturaleza se funden en una continua negociación. Son los mismos paisajes que recorrieron los padres de la fotografía alemana del siglo XX Bernd y Hilla Becher pero 50 años después. Al orgullo industrial, la proeza técnica, el ímpetu del progreso y las transformaciones radicales del paisaje le siguió la reinvención. En los últimos años la región ha pasado a ser un polo cultural, las tortas de escombros mineros parques y los complejos industriales centros culturales. - Futuros post-industriales... tiene una similitud con tu trabajo anterior hecho en Antofagasta “Norte grande”.

¿Qué es lo que te llama la atención de las ciudades industriales, frente a otras temáticas?

Son series hermanas de alguna manera. Fue Antofagasta la que me llevó a Alemania; Norte Grande fue mi carta de presentación y fue lo que trabajé y mostré allá. La convivencia de naturaleza y cultura es un desafío que me fascina de las ciudades industriales. Después de recorrer la admirable Route der Industriekultur (una ciclovía temática de varios días sobre cultura industrial!) que conecta la planta química de Marl con el enorme gasómetro de Oberhausen y el complejo carbonífero de Zollverein entre decenas de otras infraestructuras de una compleja red de sitios industriales, te despierta el sentimiento de lo sublime por la escala de la intervención antrópica. Lo mismo me ocurría viendo las piscinas donde decantan el litio en medio del salar de atacama, las faenas del cobre o los mineroductos que atraviesan la pampa. Ambas series intentan retratar la invisible aventura humana en medio de infraestructuras y contextos difíciles de abarcar.

Dogwalk, Kraftwerk NeurathRhein-Ruhr (Scenes from two rivers) Analog photography, C-print, 150 x 180 cm

¿Qué conclusiones sacaste al terminar esta serie? ¿Hubo algo que te sorprendiera?

Hace algunos días terminé de ver Novecento de Bertolucci, de 1976, con unos jóvenes Robert De Niro y Gérard Depardieu. Es una historia -de 5 horas y 17 minutos- de la Italia del siglo XX que bien podría ser la de Chile o de cualquier otro sitio. Las historias son las mismas, los mismos los conflictos, los dramas, la condición. Y ocurre lo algo parecido con el relato del progreso, sean mega industrias o pirquineros, saquen carbón, cobre, salitre o pirita, el oro de los tontos. Las vidas de los hombres, si se miran con suficiente lejanía, no tienen libertad alguna decía Tolstoi; todos somos el momento en que nos tocó vivir.

El norte de Chile es un lugar que se ha visto reflejado en un par de tus series ¿qué significa para ti? ¿qué desencadena en tu imaginario personal?

El desierto es fascinante. Su historia de ocupación es la historia de la búsqueda de la fortuna. Hay un relato de Sabella muy bello sobre el mineral de Caracoles, donde cuenta cómo los viejos cateadores buscaban un monte de plata que brillaba en las noches de luna en plena pampa y que decían cambiaba de lugar apenas el hombre lo divisaba. En el desierto se turnan triunfo y miseria, bonanza y crisis, en un clima de inestabilidad y desplazamiento permanentes… una alegoría resumida de la vida.

Algunas de tus series anteriores al igual que esta hace una especie de comparación de lugares. ¿Has pensado el por qué de esta idea o forma que se repite?

Es una forma de trabajar en la que le doy mucha importancia a la experiencia sensible. Si seguimos con Alemania, Goethe hablaba de la necesidad de combinar la experiencia subjetiva con la capacidad de razonamiento para comprender algo (“Los sentidos no engañan, el que engaña es el juicio”). Los sentidos son tan necesarios como el pensamiento racional para comprender el mundo, y para eso la experiencia es fundamental. Humboldt (otro alemán y amigo de Goethe) también hablaba sobre la imposibilidad de describir el mundo sólo clasificando plantas, animales, rocas. Los románticos creían que la naturaleza solo se podía comprender mediante la introspección.

Sunday at the Rhine with Gas-und-DampfturbinenkraftwerkRhein-Ruhr (Scenes from two rivers) Analog photography, C-print, 150 x 180 cm

Tu trabajo está marcado por la “casi” no presencia humana y cuando están solo aparecen como un detalle, algo secundario, no de protagonistas ¿A qué se debe esa elección? 

Me interesa la figura humana como presencia anónima, genérica, como condición, en lo general. En lo particular soy bastante misántropo. En esta serie de fotos en concreto, se ve la insistencia de lo humano en estos contextos en donde naturaleza y cultura conviven en pugna.

¿Cuáles son las técnicas que utilizaste en esta serie?

Para esta serie trabajé con una cámara del 81, el año en que nací, fotografía análoga de medio formato, completamente manual, con películas diapositivas de 6x7. Una foto muy lenta, que te exige observar detenidamente. En Düsseldorf pude revelar en laboratorios equipados e imprimir en impresoras de gran formato.

¿Por qué elegiste la fotografía como soporte, frente a otras expresiones artísticas?

Más que la fotografía como herramienta para construir imágenes, es la imagen fotográfica la que me atrae, lo que la dispara. Me gusta su eternidad o su eterno presente, me gusta cuando en una imagen todo descansa en paz y al mismo tiempo existe un elemento que perturba que es para todos diferentes, que salta y ataca al espectador como una lanza punzante, el punctum del que habla Barthes en La cámara lúcida.

¿Cuáles son tus proyectos para este año y piensas exponer esta serie?

Son fotografías de gran formato por lo que estoy buscando un espacio idóneo para mostrar esta serie. Mientras, trabajo en otra exhibición con fotografías de archivo. Ahí está ejemplificado ese interés en la imagen fotográfica o en el impulso fotográfico más que en la fotografía que te mencionaba antes.

Child on swing at the Rhine meanders, MeerbuschRhein-Ruhr (Scenes from two rivers) Analog photography, C-print, 150 x 180 cm

¿Qué te llevó a convertirte en artista?

Asumiendo como verdadera esa premisa de conversión te diría que tener la cabeza inflamada de fantasías, lo que hace difícil adoptar un proceder común. La procesión se lleva por dentro, como el hombre del traje gris al que le canta Sabina. Es un ejercicio de comprensión diario, que obedece a una necesidad interior por la ampliación de los espacios de vida. Y para eso se camina, se anda, se vive en distintos lugares, se busca el extrañamiento y la desorientación como un modo fundamental de ser en el mundo.

De aquí a cinco años ¿Qué te ves haciendo?

Para seguir con la germanística, me gustaría hacer como Fausto que vendió su alma a Mefistófeles por conocimiento ilimitado y placeres mundanos. Si no, me basta con sobrevivir o poner un bar, para mí, la obra de arte total, el Gesamtkunstwerk de Wagner.

¿Cómo es tu proceso de trabajo, cómo se inicia y desarrolla?

Es irregular y continuo, sin dirección ni objeto, siguiendo a Montaigne. Son procesos en los que no quiero entrar y de los cuales me doy cuenta que estoy dentro tarde. Hacer imágenes es hacer piruetas silenciosas para intentar nombrar algo que vagamente podemos señalar.

Halde Hoheward ViewpointRhein-Ruhr (Scenes from two rivers) Analog photography, C-print, 150 x 180 cm

Tus obras son, creo o más bien siento, contemplativas, tienen una cierta similitud a Rothko, quien buscaba llegar a la meditación a través de su arte. ¿Tu qué pretendes con el tuyo, hay algo que quieras gatillar en quien lo ve?

Justamente me interesa gatillar ese proceso, no algo determinado. No veo en el arte una herramienta de comunicación eficiente, sino un espacio para habitar del que se puede salir y volver a entrar. Rothko también hablaba de que sólo le interesaba expresar las emociones humanas más elementales, la tragedia, el éxtasis, la fatalidad del destino… la universalidad de la naturaleza humana finalmente, algo que me interesa mucho.

¿Una fotografía favorita en la serie?

El díptico Atardecer en el Aschlöksken, un biergarten entre Duisburg y Düsseldorf, en una ondulada rivera del rin, donde la gente se sumerge en cerveza y sueños a contemplar unos atardeceres dorados mirando los cargueros pasar por el río rodeados de torres de alta tensión, acopios de tierra y chimeneas humeantes. Mágico. 

Sunset at the Aschlöksken IIRhein-Ruhr (Scenes from two rivers) Tryptic, Analog photography, C-Print, 180 x 150 cm