Nicolas Sanchez L.

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Entrevista Revista Casas

Por: María José Mora D. / Retratos: Bárbara San Martín S. para Revista Casas

Nuevas generaciones están tomando forma y fuerza en el campo artístico. Elegimos a seis artistas chilenos que destacan por poseer propuestas y estéticas propias que llaman la atención y que, poco a poco, los ha posicionado en el competitivo mundo del arte.

Este artista, egresado de Bellas Artes de la Universidad Católica, es un trotamundos, sus pasos recorren Europa y América, pero hoy se encuentra en Chile instalado en Antofagasta. “Me vine al desierto en un subviaje, de un viaje interior del cual espero no regresar. Me interesa esta tierra triste, réproba de maldición como se lamentan los versos de Francisco Pezoa. Hay algo de far west en su estética de abandono y descampado, su imagen me produce una hermosa confusión”, cuenta. El trabajo de Sánchez está ligado principalmente a la fotografía y el video, soportes que le llaman la atención hace un tiempo y en los que ha profundizado bastante. “No elegí esos soportes, más bien es lo que me interesa de un tiempo a esta parte; a veces lo veo como un camino largo hacia la pintura. Lo que me interesa de las cámaras es su completa subjetividad, a contramano de su aparente reproducción mecánica y fiel de la realidad. Me atrae su vaguedad, lo que va más allá de su superficie. En eso han profundizado Roland Barthes y Walter Benjamin, el que incluso inspiró una serie de TV en 1972, ‘Modos de ver’, de John Berger”, cuenta el artista. Para explicar su trabajo, Nicolás se acerca a una idea muy vinculada a la tradición cristiana – no a la religión– en eso de no buscar respuestas en el viento huracanado, sino en el susurro de la brisa. “Intentando algo similar, hablaba con un amigo músico acerca de la originalidad y complejidad de la obra de Spinetta, la que acordamos en describir vagamente como una estética, una actitud. La pregunta siguiente es cómo detecta uno cuando ha entrado en una obra o en una pieza musical, por ejemplo, y si es capaz de describirla. Aquí me acordé de Wittgenstein, quien ejemplificada este problema con nuestra capacidad de distinguir una mirada de amor genuina de una pretendida, pero siendo incapaces de describir la diferencia. Ahí entra la metáfora como aproximación posible para iluminar esas diferencias sutiles; es la manera en que me acomoda acercarme a mi propio trabajo”, explica Sánchez.

La obra de Nicolás tiene una cierta poética y misterio que resuenan en el espectador mientras contempla su obra. Estas pueden ser vistas y experimentadas bajo distintas técnicas. Cuando le preguntamos sobre su relación con el cine, destaca el documental lírico “La vida está en otra parte” que estrenó el 2013 en Londres en la Galería de Cecilia Brunson. Ahí Sánchez estaba explorando, no tanto con el medio mismo como hacían los videoartistas de los ’70, sino con el proceso de hacer cine, de la observación documental y de la vinculación de todo eso con la vida y la búsqueda personal. Nicolás ha tenido varias exposiciones individuales y colectivas centradas en sus fotografías. La última fue en el 2015 en la Galería NAC, donde mostró “Atmósferas (hay algo existencial en estas imágenes que no consigo nombrar)”. Se trató de fotografías de gran formato que mostraban los cielos de determinadas partes del mundo a distintas horas, lo que producía en el espectador cierta meditación, porque había algo metafórico y existencial que se podía palpar en el trabajo. “Mi proceso creativo está muy vinculado a la vida diaria, a las miserias domésticas, a mis lecturas, a la música, al cine, a los viajes, al lugar habitado, al vaivén emocional, a los lugares mal iluminados, es un proceso personal lleno de curvas, no hay moldes de galleta. Si me dejas volver a Spinetta, hay que hacer pan y hay que hacer canciones, si vives todo el tiempo haciendo lo mismo te consumes, hay que preservarse haciendo otras cosas”, sostiene Sánchez y agrega: “Hay muchas preguntas para las que no tenemos respuestas científicas, no porque sean misterios impenetrables, sino simplemente porque no son científicas. Ahí entran las interrogantes que plantea el arte, la música, el cine, etcétera; las preguntas que buscan tratar de comprender mejor el mundo y a nosotros mismos. No persiguen una verdad, sino iluminar conexiones posibles. No puedo responder más en concreto, porque mis trabajos nada concreto dicen; mi deseo es mirar hacia adentro y disparar el ánimo en todas direcciones”... La entrevista completa después del salto.

¿Cómo describirías tu trabajo?

Últimamente, cuando hago el ejercicio de describirlo, llego a esa idea muy vinculada a la tradición cristiana -no a la religión- de no buscar respuestas en el viento huracanado, sino en el susurro de la brisa. Intentando algo similar, hace unos días, hablaba con un amigo músico acerca de la originalidad y complejidad de la obra de Spinetta, la que acordamos en describir vagamente como una estética, una actitud. La pregunta siguiente, es cómo detecta uno cuándo ha entrado en una obra o en una pieza musical, por ejemplo, y si es capaz de describirla. Aquí me acordé de Wittgenstein quien ejemplificada este problema con nuestra capacidad de distinguir una mirada de amor genuina de una pretendida, pero siendo incapaces de describir la diferencia. Ahí entra la metáfora como aproximación posible para iluminar esas diferencias sutiles; es la manera en que me acomoda acercarme a mi propio trabajo.

¿Cual es tu relación con el cine?

La más directa es mi documental lírico “La vida está en otra parte” que estrené el 2013 en Londres en la galería de Cecilia Brunson. Estaba explorando, no tanto con el medio mismo como hacían los video artistas de los 70, sino con el proceso de hacer cine, de la observación documental y de la vinculación de todo esto con la vida y la búsqueda personal.

Pero el cine siempre lo tengo presente como faro para iluminar esas sutilezas que te mencionaba antes. Me aterra la idea de Netflix que tiene a todos viendo lo mismo. Veo y colecciono mucho cine de distribución escasa que recolecto en los confines de la internet, donde varios se empeñan en arañar el fondo para dejar entrar la luz.

¿Por qué te ligas al norte de Chile, Antofagasta y el desierto aparecen en tu obra, qué es lo que te seduce de ellos?

Me vine al desierto en un sub viaje de un viaje interior del cual espero no regresar. Me interesa esta tierra triste, réproba de maldición como se lamentan los versos de Francisco Pezoa. Hay algo de far west en su estética de abandono y descampado, su imagen me produce una hermosa confusión.

¿Por qué elegiste la fotografía y el video como soporte artístico?

No lo elegí, es lo que me interesa de un tiempo a esta parte; a veces lo veo como un camino largo hacia la pintura. Lo que me interesa de las cámaras es su completa subjetividad, a contramano de su aparente reproducción mecánica y fiel de la realidad. Me atrae su vaguedad, lo que va más allá de su superficie. En eso han profundizado Roland Barthes y Walter Benjamin, el que incluso inspiró una serie de TV en 1972; Modos de ver, de John Berger.

¿Cómo es tu proceso creativo, cómo se genera?

Muy vinculado a la vida diaria, a las miserias domésticas, a mis lecturas, a la música, al cine, a los viajes, al lugar habitado, al vaivén emocional, a los lugares mal iluminados, es un proceso personal lleno de curvas, no hay moldes de galleta. Si me dejas volver a Spinetta, hay que hacer pan y hay que hacer canciones, si vives todo el tiempo haciendo lo mismo te consumes, hay que preservarse haciendo otras cosas.

¿Cuál es el trasfondo de tus obras, que quieres mostrarle o hacerle pensar al espectador?

Aquí retomo a Wittgenstein. Hay muchas preguntas para las que no tenemos respuestas científicas, no porque sean misterios impenetrables, sino simplemente porque no son preguntas científicas. Ahí entran las preguntas que plantea el arte, la música, el cine, etcétera, las preguntas que buscan tratar de comprender mejor el mundo y a nosotros mismos, y que no persiguen una verdad, sino iluminar conexiones posibles. No puedo responderte más en concreto, porque mis trabajos nada concreto dicen; mi deseo es mirar hacia adentro y disparar el ánimo en todas direcciones.

¿Proyectos 2017?

Seguir trabajando -en el concepto ampliado de la palabra- apuntando a un sentido, pues eso nos aleja de la atrofia y de la muerte. Paradójicamente descanso en esa idea de que la inspiración es para los genios, el resto de nosotros nos levantamos a trabajar. Asumir eso como proceso es liberador, no hay que reinventar el mundo cada día, hoy haces más o menos lo mismo que hiciste ayer y que harás mañana, simplemente trabajar. Esa idea te permite proyectarte -ilusamente claro está- abriendo nuevos caminos que no aparecen si uno se queda esperando. Inevitablemente si persistes en eso, llegarás a algún lado.