Nicolas Sanchez L.

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Entrevista en Cultura de La Tercera

La Tercera, 13/11/2015

Mientras estudiaba en la escuela de Arte UC, Nicolás Sánchez (1981) tomó cursos de fotografía análoga con Jorge Padilla y de video con Roberto Farriol. Hoy es uno de los artistas emergentes chilenos más promisorios. Ha ganado varios premios, como el de Creación y Autoría Audiovisual Juan Downey 2009; ha exhibido en el MAC, en Sala Gasco y en Galería NAC, y su trabajo ha llegado también al Centro Cultural Borges, de Buenos Aires, al Festival BAC de Barcelona y a la sala Cecilia Brunson Projects de Londres. Ahora prepara maletas otra vez: acaba de ser seleccionado como artista en residencia por la Lepsien Foundation de Alemania.

Tras volver a Chile en 2014, Nicolás Sánchez se fue a vivir al desierto, como una forma de investigación personal. “Busco mostrar lo ordinario de forma nueva, extrañar. Es intentar volver a experimentar ese encandilamiento de la primera mirada, devolverle la profundidad a una imagen que hemos vaciado mirando sólo su superficie”, cuenta.

Actualmente prepara una muestra sobre el Norte Grande, “una especie de homenaje a Antofagasta; la ciudad más hostil que he tenido la fortuna de habitar. Son fotografías, videos, instalaciones, trabajos con objetos encontrados, que buscan hablar de esta ciudad formada por historias de inmigración, empresas épicas, deseo, esperanza, decepción”, dice. Y, a su vez, planifica la residencia artística en Düsseldorf, donde se quedará al menos un año.

“Me agita la idea del espíritu alemán -dice-, donde está muy presente la idea del arte como un vehículo de profunda revelación emocional y metafísica. Desde la mitología pre cristiana hasta Wagner, hay una valoración de lo romántico como una actitud del espíritu, una reflexión del tiempo, de la condición humana... me gustaría buscar lo pequeño en esa escala colosal”.

Su trabajo artístico está lejos de la contingencia. “No veo TV, escasamente leo prensa, salvo algún titular de crónica roja regional como si leyera poesía; la actualidad me hace daño, no me interesa, y no es de fanfarrón, es una enfermedad de anacronismo y desasosiego endémico pero que me obliga a mirar hacia adentro, a buscar algo que no se debilite ni pase de moda”, dice. “Le leí a Adriana Valdés eso de que la poesía es lo que sale cuando el habla se entra, cuando silenciamos la cháchara, la palabra convencional, la muerte”.

¿Cuál fue el sentido de Atmósferas, uno de sus últimos trabajos en Galería NAC?

Esa serie que comencé hace 7 años es un registro fotográfico de la atmósfera terrestre, y de los campos de color que forma la luz al atravesarla. El título completo es Atmósferas (hay algo existencial en estas imágenes que no consigo nombrar), y con ella justamente buscaba dar nombre en imágenes a la profundidad sobrecogedora de esas atmósferas, para mí, cargadas de preguntas escatológicas. Estaba estrechamente relacionada a los pensamientos de Pascal y al estremecimiento metafísico que le generaba la contemplación del universo: “¿Quién me ha puesto aquí? Por qué me han sido destinados este lugar y este tiempo?”.

La entrevista completa después del salto

Cuál ha sido el tema más potente que has fotografiado y por qué?

Siento que los temas que rondo no son potentes, sino comunes y me interesa justamente esa condición. Busco mostrar lo ordinario de forma nueva, extrañar, dar a lo conocido apariencia desconocida. Es intentar volver a experimentar ese encandilamiento de la primera mirada, devolverle la profundidad a una imagen que hemos vaciado mirando sólo su superficie. 

En tu obra, cuanto es inspiración y cuánto responde a un proceso creativo? 

Es una sinergia compleja donde el todo no es igual a la suma de las partes; el proceso creativo y las epifanías. En general las imágenes se me aparecen porque les di un espacio, porque estimulé mi espíritu a través de un proceso de investigación, de movimiento y contemplación que gatilla una mirada despierta. La inspiración es trabajar todos los días dijo Baudelaire, el poeta del hastío urbano, pero también decía embriagaos!, embriagaos siempre, de virtud, de poesía, de vino, que importa, pero embriagaos. 

Cómo ha sido entrar al circuito del arte contemporáneo?

Los circuitos son por definición circulares, y de ahí que se piense que cuando se entra no se sale. Pero tengo la sensación que del circuito se entra y se sale constantemente. El circuito también está sujeto a modas y tendencias y es por ende muy cambiante; eso no es problema mío. Intento seguir haciendo lo que quiero, buscando lo que me interesa.

En qué minuto de tu carrera sientes que tu trabajo tomó la solidez que vemos hoy?

Volviendo a lo anterior, desde que renuncié a la contingencia. No veo TV, escasamente leo prensa, salvo algún titular de crónica roja regional como si leyera poesía, la actualidad me hace daño, no me interesa, y no es de fanfarrón, es una enfermedad de anacronismo y desasosiego endémico pero que me obliga a mirar hacia adentro, a buscar algo que no se debilite ni pase de moda. Le leí a Adriana Valdés eso de que la poesía es lo que sale cuando el habla se entra, cuando silenciamos la cháchara, la palabra convencional, la muerte.

Cuál, de tus trabajos o temáticas, ha sido el que te ha dado mayores gustos y por qué?

Cuando hice mermelada de rosa mosqueta en Praga!. Pero en general –como muchos- no he logrado juntar el trabajo con el placer. Disfruto cuando termino. Muy a mi pesar, trabajo bastante, a lo que le agrego mucha obsesión, autocrítica e inconformidad. Siguiendo a Bertoni, estoy fatídicamente cerca de ser un cansador intrabajable.

Cuál fue el mensaje que articuló tu trabajo de Atmósferas? qué buscaste a través de él?

Esa serie que comencé hace 7 años, es un registro fotográfico de la atmósfera terrestre, de la parte gaseosa de la Tierra y de los campos de color que forma la luz al atravesarla. El título completo es Atmósferas (hay algo existencial en estas imágenes que no consigo nombrar), y con ella justamente buscaba dar nombre en imágenes a la profundidad sobrecogedora de esas atmósferas, para mi, cargadas de preguntas escatológicas. Estaba estrechamente relacionada a los pensamientos de Pascal y al estremecimiento metafísico que le generaba la contemplación del universo; “¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por qué me han sido destinados este lugar y este tiempo? ¡El silencio eterno de los espacios infinitos me aterra!.

Tu obra es tal cual o tiene postproducción?

No tengo reglas generales ni prohibiciones pre ni post, es caso a caso. No utilizo iluminación artificial por gusto, no por regla. Uso las herramientas en favor de que la imagen hable callando (y que dicho sea de paso siguen siendo las mismas desde los inicios de la fotografía). Sólo respeto un principio, de no agregar a la imagen nada que no estuviese allí. Pero espero pronto acabar también con ese. Me gusta eso de Ansel Adams de que una fotografía no se toma, se hace. Desde el minuto en que uno encuadra.

A quienes admiras como fotógrafos?

David Foster Wallace repitió de un profesor que la tarea de la buena escritura es la de darles calma a los perturbados y perturbar a los que están calmos. Los fotógrafos que más admiro son esos escritores. Si me permites seguir, admiro las imágenes de los historiadores de regiones, los misántropos, las miserias domésticas de cada día, los atardeceres dorados sobre los cerros de Antofagasta, sus vagabundos empujando carritos de supermercado, sus gitanos entre el mar y la autopista.

Qué le dirías a alguien que está partiendo en la fotografía?

Que busque trabajo en un banco. Yo no tengo formación de fotógrafo, sino de artista visual, pero siento que nada de esto es una carrera, y que si lo es, no es de velocidad sino de larga distancia y resistencia. A mi me ha servido tener el ensayo como política, prefiriendo ser de los que buscan, no de los que logran. La mayoría de las cosas que me importan nunca se me presentan de lleno, sólo se insinúan, se perfilan; me he dedicado a buscar un lenguaje que se ajuste a eso, y que más que conceptos utilice metáforas.

En qué estás trabajando actualmente?

Estoy dándole forma a una muestra sobre el Norte Grande, una especie de homenaje a Antofagasta; la ciudad más hostil que he tenido la fortuna de habitar. Son fotografías, videos, instalaciones, trabajos con objetos encontrados, que buscan hablar en imágenes de esta ciudad formada por historias de inmigración, empresas épicas, deseo, esperanza, decepción… Todo impulsado por esa eterna búsqueda humana de fortuna y bienestar.

Cuáles son los planes que tienes a futuro.

En un par de semanas me voy a vivir a Düsseldorf, Alemania. Me gané una beca por un año de la Lepsien Foundation para artistas emergentes. Me agita la idea del espíritu alemán, en donde está muy presente la idea del arte como un vehículo de profunda revelación emocional y metafísica. Desde la mitología pre cristiana hasta Wagner, hay una valoración de lo romántico como una actitud del espíritu, una reflexión del tiempo, de la condición humana… me gustaría buscar lo pequeño en esa escala colosal.