Nicolas Sanchez L.

Exceso de velocidad

Shots from the bike tourBurning outskirts

Por Rodrigo Galecio A.

La relación con la tierra comienza por el habituamiento a la correspondencia de las partes que componen la casa en la que habitamos. La arquitectura, en este sentido, es en primer lugar una costumbre y, luego, una medida que nos permite dimensionar, representarnos o imaginar, por ejemplo, la distancia que existe entre un lugar y otro. Por ello, transitar por un recinto se puede pensar como un trabajo de reconocimiento. A otra escala, pero igualmente determinado por las proporciones de la arquitectura, lo mismo es posible al emprender un viaje por la ciudad. Pero no es lo mismo si lo hago a pie, en bicicleta, en automóvil o en algún medio de transporte público. Cada uno de estos vehículos es una velocidad diferente, luego, formas distintas de consumir el tiempo, el espacio, precisamente, la realidad.

La pregunta de Nicolás Sánchez, que hace a través de su obra, es una que inquieta la lentitud por oposición a la aceleración del agotamiento espectacular de la realidad provocada por el abuso de las prótesis tecnológicas y, a su vez, la distorsión que generan respecto de la percepción del mundo las redes de telecomunicación y, así, de la inevitable instrumentalizada y, luego, alterada relación del hombre en términos de sociabilidad y en lo relativo a la costumbre de la ciudad.

La experiencia de Santiago, en este sentido, es como la de otra ciudad a cada momento, pues, es la imagen de una ciudad que se olvida tras la pantalla del artificio de la velocidad, el espectáculo (la publicidad aún no ha terminado de invadir cada rincón que le ha sido posible) y el dramático acontecer apresurado de su estado rónico de destrucción y reconstrucción, lo cual, por otra parte, deviene en fuertes contradicciones desde el punto de vista de las prácticas sociales y urbanas que surgen de esta dinámica.

Lo que el viaje señala, en este caso particular, guarda relación estricta con su destino: Galería Metropolitana, la cual, en cuanto cuerpo plástico y por ubicación, ofrece desde sí lecturas complejas por contradictorias a cualquier obra que se le aproxime o que ella acoja. Porque el mérito o el plus de Galería Metropolitana, en cuanto dilema económico-cultural, además de jugar en el columpio con la idea de marginalidad y ser espacio de arte al mismo tiempo, es enfatizar lo emergente y lo residual simultáneamente. Los materiales de su edificio (modulados industrialmente) no se pueden caracterizar como tradicionales ni nostálgicos, aunque técnica e históricamente puedan serlo ya. La construcción se autoseñala a partir de una estrategia de contraste por oposición material y formal al contexto y, sin embargo, se emplaza aparejada (como una especie de ironía mordaz del tipo de ampliación vernacular típica del barrio) a una casa estándar de un sustrato de la clase obrera que ya podríamos entender como tradicional por apegada a unas costumbres que no rechazan claramente motivaciones ideológicas conservadoras como la familia y el vecindario; en este caso, con sus casitas, sus almacenes, panaderías de esquina, ferias y peatones aún transitando considerablemente. Justamente, todo lo opuesto respecto del contexto urbano desde el que inicia el artista su marcha. Porque en éste, el peatón, el hombre, ha desaparecido en el mall o en, ahora, el hipermercado, en la velocidad del automóvil y en la borradura más brutal del antiguo barrio, el vecindario y la casa de familia tradicional. Eso sí, manifestándose una renovación tecnológica y consideración con el contexto sólo en algunos pocos edificios, pues, prácticamente la totalidad de ellos son simplemente tortas de hormigón armado indiferentes a la idea de emplazamiento.

En fin, lo que este viaje manifiesta implícitamente es que la ciudad (aunque más bien, metrópolis o, quizá ya, megalópolis) de Santiago es una contradicción apologética, en la que conviven la fuerza transformadora y espectacularidad de la lógica cultural del capitalismo tardío (claro que como retardado, retrasado o moroso) y la pobreza y chabacanería propias del subdesarrollo que lo retienen en un estado no avanzado.

Eriazos en el paisaje urbano: Lugares vacíos

InstallationDetail of wall embeded slide

El proyecto nace de la necesidad de estimular una reflexión entre disciplinas que en el último tiempo se han visto referidas mutuamente. Este se presenta como necesaria instancia de diálogo entre áreas que por momentos tocan límites ajenos al transgredir los suyos propios, ambos cada vez más difusos.

La instalación pretende provocar un giro reflexivo en la mirada y considerar los espacios como territorios de relaciones complejas, que reflejan problemáticas sociales, económicas, culturales y políticas; imaginarlos como verdaderos artefactos arqueológicos por el palimpsesto de sus múltiples historias, cada una de las cuales interviene y reinventa las otras. Se busca repensar estos espacios desarticulados y tensionarlos a partir de su complejidad como testigo damnificado de/por su propia historia. Se intenta de modo creativo mostrar el espacio como si fuera por vez primera. Reflexionar en torno al cómo articulamos y ocupamos el espacio, la ciudad.

Quien quiera hablar en medio de una escena altisonante puede recurrir a dos expedientes: o gritar más alto que el ruido del ambiente o bajar la voz rozando el silencio, hasta callar quizá, e instalar así una pausa, un contrapunto en el discurso caótico de un espacio descontrolado.... Ticio escobar

Pensar, habitar, significar el margen

Vanos, intersecciones, desniveles, zócalos, salientes, aleros, esquinas. Zonas residuales alejadas de cualquier ideal de espacio expositivo, áreas contaminadas visualmente que cualquier artista rechazaría para el montaje de su obra, son ahora justamente escenario de poco mas de 30 diapositivas en color tomadas de distintos sitios baldíos de santiago. La instalación, de mínima presencia [material], cede en una primera instancia el protagonismo al espacio mismo, para luego descubrirse silenciosa creando un vínculo entre la imagen y su emplazamiento. Este diálogo entre espacios y lugares que comparten una estética de sobrante precisa pensar estos desde su condición de margen.

La galería como espacio expositivo fuera del circuito comercial estimula una reflexión sobre la producción y circulación del arte contemporáneo: la relación con sus espacios de exposición [a veces abstraída de todo tiempo y espacio, objeto de culto / templo consagrador] y las condiciones de estos últimos, manifiesto de los ardides [tanto de maquillaje estructural como de balance presupuestario, de gestión, de bluff burocrático, etc.] obligados para sobrevivir.

Los eriazos como zonas dejadas por la especulación inmobiliaria ostentan melancólicamente su ausencia de sentido, su absoluta incoherencia y falta de significado en un contexto hiper utilitario. Estos, paradójicamente zonas marginales en el centro [santiago poniente], nos muestran la imagen de una ciudad que se niega a si misma, que derriba su historia, que se construye sobre si misma destruyéndose en este mismo acto.

Los arquitectos construyen y los artistas destruyen. Gordon matta-clark

Inters_ticios

Lugares intermedios, espacios dejados, ignorados, cedidos. Testigos y rehenes de una marcha acelerada y desmesurada, son habitados o utilizados de una manera inesperada, de otra forma para la cual fueron pensados, o mas bien, no pensados. Estas oquedades dejadas por la razón, son liberadas al re-significarlas en un sentido estético y poético; metáfora de heridas abiertas, fisuras y grietas donde se cuela la nostalgia, el desconcierto y la desolación.

El margen, como tal, se presenta no solo exhibiendo su evidente condición baldía sino también la de políticas [o su ausencia] de las cuales es heredero. A esta ciega posición se le opone una necesidad de espesor cultural, de engrosar el cuerpo significante de la ciudad [su historia, su cultura, su arquitectura… sus tramas] y su expresión mas viva; los habitantes [como usufructuarios de esta].

Pensar la ciudad como cuerpo histórico que desde la experiencia humana y ligada a sus necesidades, muy lejos de utopías modernistas de la casa como maquina de habitar, se logre establecer densa y a la vez abierta urbe. Dar forma y guiar de manera contenida un proceso de transformaciones urbanas improbables de frenar, evitar una carencia que genera huella profunda, no solo en la fisonomía de la ciudad, sino también en su historia [política, social, cultural, arquitectónica, etc.], gestora de su fuerza, carácter y sustancia. Estas fisuras, rastros sobre el uso y desuso de nuestra ciudad, su historia y su presente maltratado son vacíos que dan lugar a grandes contradicciones y paradojas.

Nicolas Sanchez L.